(Más)anilla
Lo siento, la oportunidad era demasiado buena
Estos últimos meses me he puesto, más bien, me he propuesto ejercitar mi “sentido investigador”. Esto consiste, en mi imaginación, en entrenar mi “sentido científico”: ser más consciente del mundo que me rodea, hacerme preguntas y, aprovechando que tenemos una cantidad impresionante de información en la palma de nuestra mano, conseguir respuestas. Claro, esto a la par de la aplicación de nuestro criterio en constante renovación y crecimiento. De esta dinámica he aprendido que en realidad no sabemos mucho. Entre más averiguamos, nos damos cuenta de que sabemos menos. Aplicando estos preceptos, me topé en la alacena con un sobre de té de manzanilla (¿spoiler?) y me quedé pensando: ¿en realidad hace lo que dice que hace? Su paquete solo dice “soy un sobre de té”, y nunca viene algo como “tomar en caso de insomnio o X padecimiento/malestar”. Por ello, la pregunta del día de hoy: ¿el té de manzanilla me calma porque me lo contaron o hay sustento químico detrás de ello?
Esto es lo que encontré.
La manzanilla (Matricaria chamomilla) es una de las plantas medicinales más antiguamente documentadas. Su uso como remedio herbal se remonta a la antigua Grecia y Roma. Es una especie nativa de Europa (zona de los Balcanes y Europa occidental) y del oeste de Asia. Es una de las plantas más consumidas alrededor del mundo. Pero ojo, no solo se consume en té. ¿Cuántos productos con manzanilla existen? Productos para el cabello, jarabes, mieles, cremas, ungüentos y muchos más.
Ahora pasando a las propiedades, no solo funciona cuando tenemos insomnio. La manzanilla posee otras propiedades que han sido evaluadas tanto in vitro como in vivo. Por ejemplo, diversos estudios sugieren que puede tener un efecto hipoglucemiante, es decir, contribuir a reducir los niveles de azúcar en la sangre. De igual forma puede considerarse una gran ayuda digestiva multipropósito para tratar afecciones como flatulencias, mareos por movimiento, náuseas y diarrea. Esta interesante especie todavía sigue siendo estudiada para continuar aprendiendo sobre ella y sobre los beneficios que nos podría aportar.
En cuanto a la propiedad más popular, ¿calma por costumbre o por química?
La respuesta corta es que hay química detrás de ello. Las investigaciones señalan varios compuestos responsables de sus efectos sedantes y ansiolíticos. Aquí están algunos de los más importantes:
La apigenina es un flavonoide con la capacidad de unirse a receptores relacionados con la actividad de las benzodiazepinas en el cerebro, contribuyendo a efectos ansiolíticos y sedantes.
Glucuronoxilano: este polisacárido ha demostrado tener efectos sedantes, ansiolíticos y antinociceptivos, es decir, que tiene la capacidad de reducir el dolor, en modelos animales.
La manzanilla ayuda a calmar nuestra mente, pero también el cuerpo porque reduce la percepción del dolor, tanto de origen neurogénico como inflamatorio.
A pesar de ser una publicación breve en esta ocasión, no perdamos de vista que para poder afirmar al menos una propiedad de esta especie se requirieron años de investigación, múltiples revisiones y discusiones; en fin, todo un proceso. Y como en cada publicación que les comparto, nunca dejo de asombrarme de que un pequeño sobre con una flor seca esconde un mundo detrás. Sigamos explorando el mundo, nunca sabremos qué podrá asombrarnos ahora. Si a mí me inspiró esta vez un té de manzanilla, ¿qué pregunta estará esperando encontrarte a ti?



